CANCUN, LO QUE NO SE DEBE HACER

* Por Efraín Villanueva Arcos | 2009-09-18

La experiencia dice que no se debe seguir un modelo de desarrollo turístico concentrador que reclame fuertes inversiones y no sea amigable con el medio ambiente

Los recursos naturales del sureste, y en particular la región oriental de la Península de Yucatán, esto es, el actual Estado de Quintana Roo, han sido una obra laboriosa, paciente y hermosa de la naturaleza. Otra, muy distinta, es la historia y evaluación de su aprovechamiento y explotación. Selva y mar es el binomio que se canta en el Himno a Quintana Roo, y han sido los dos pilares sobre los cuales se ha buscado el desarrollo de la entidad.

En el año de 1958 el Instituto Mexicano de Recursos Naturales Renovables A.C., que presidía el distinguido científico Don Enrique Beltrán, publicó un estudio multidisciplinario -innovador en aquello años-sobre los recursos naturales del sureste. Según dicho estudio, se calculaba que cuatro quintas partes de los 50,843 kilómetros cuadrados de Quintana Roo se encontraban cubiertas por "vegetación de tipo forestal de alto fuste... cuatro millones de hectáreas cubiertas por selva tropical exuberante y majestuosa". En esos años, a pesar que ya se había registrado una intensa explotación forestal, la entidad todavía mantenía una cubierta forestal impresionante.

A cincuenta años de distancia, en apenas dos generaciones, es muy diferente el panorama. Paradójicamente, cuando llegaron la modernización y los apoyos federales a Quintana Roo, la presión para los recursos naturales se hizo intensa. La ampliación de la frontera agrícola, el programa nacional de desmontes, el impulso a la ganadería (que requirió remover los árboles para sembrar pasto), los programas de mecanización de suelos y los programas de colonización, amén de la continua explotación de chicle y maderas preciosas, se conjuntaron para reducir notablemente la cubierta de esa selva tropical exuberante y majestuosa que viera el Dr. Enrique Beltrán. Por otro lado, toda esta inversión pública tampoco se tradujo en desarrollo y riqueza para el campo, pues hemos visto cómo muchas obras de riego, unidades ganaderas, plantas industriales se convirtieron en testimonios mudos del fracaso de las políticas agrícolas.

Luego vino el turismo como el gran proyecto federal para Quintana Roo. Se seleccionó Cancún por su belleza natural y por ser uno de los lugares menos expuesto a los huracanes, según los estudios que recuerdo se presentaron para justificar el desarrollo en esa zona de la entidad. Años después, Herman W. Konrad, de la Universidad de Calgary, demostró que precisamente la zona donde se construyó Cancún es la que mayores incidencias de huracanes ha registrado a lo largo de la historia, y presentó una evidencia con información basada en los impactos de estos fenómenos en la península de Yucatán de 1871 a 1990 (el estudio de Konrad puede hallarse en el número 1 de la Revista Mexicana del Caribe que edita la UQROO). MAS, MAS

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